Tabasqueños Ilustres – Gregorio Méndez Magaña

Nació en Jalpa, Tabasco (ahora Jalpa de Méndez, en su honor) el 27 de mayo de 1836; murió en la ciudad de México el 28 de marzo de 1887. Hijo de Quirino Méndez, un rico propietario, y de Petra Magaña, a temprana edad perdió a sus padres y quedó al cuidado de Pedro, su hermano mayor. A los 16 años radicó en Comalcalco en donde administró la tienda “La flor comalcalqueña” de su propiedad, con la cual logró acumular considerable fortuna y pudo fundar en 1859 una escuela nocturna, y en 1860 una academia de música, ambas sostenidas por su fortuna.

En 1863 participó en la defensa de San Juan Bautista y cuando las fuerzas invasoras se posesionaron de la capital, Méndez Magaña se replegó a Comalcalco para organizar la insurrección. Secundado por Andrés Sánchez Magallanes, que se pronunció en San Antonio de Cárdenas, llegó a reunir 350 hombres, en su mayoría peones, adiestrados en el manejo de las armas. El jefe imperialista González Arévalo salió a combatirlo, pero el 2 de noviembre fue emboscado por los patriotas en el paraje El Jahuactal (municipio de Cunduacán). Reconocido como Coronel en jefe por todos los caudillos liberales, Méndez Magaña puso sitio a San Juan Bautista y al cabo de 43 días entró triunfante a la capital, el 27 de febrero de 1864. Consumada esa hazaña y restablecido el régimen constitucional, se retiró a la vida privada, pero el 3 de octubre fue designado gobernador y comandante militar. Ejerció el poder hasta el 6 de junio de 1867.

En febrero de 1870 fue administrador de la renta de papel sellado; en 1871 actúo como jefe de reemplazos militares en el Estado, y a fines de ese año se incorporó en la brigada del general Luis P. Figueroa, que operaba en Veracruz contra los pronunciados del Plan de la Noria. Fue después comandante militar en Tuxtepex, Oaxaca, Acapulco y Orizaba, y otra vez jefe de reemplazos en Yucatán y Tabasco. A partir de 1880 estableció su domicilio en la ciudad de México. Entró rico al servicio de la nación y murió tan pobre que fue sepultado en una humilde fosa del panteón de Dolores. Tres días después de su fallecimiento, el Congreso lo declaró Benemérito del Estado y en febrero de 1911, el gobernador Policarpio Valenzuela dispuso que sus restos fueran llevados a Tabasco.

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